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Oct - Nov 2020  

Número 170


Téc. en Cs. Naturales
Gastón Crauchuk

Coordinador Agroecología del ISCAMen (Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza).

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Cultivos intensivos desde una mirada agroecológica

Desde Mendoza, una interesante propuesta sobre cómo realizar una producción hortícola de manera agroecológica. El rol clave de los productores para transitar este cambio de paradigma, y la importancia de contar con políticas que lo acompañen. 

La producción de cultivos intensivos en la provincia de Mendoza tiene una particularidad diferente a la del resto del país, ya que constituye una zona desértica que requiere del cauce de agua. Si bien ésto lo vuelve doblemente difícil de realizar, se viene haciendo desde los años 60´, bajo el mismo concepto de máxima producción y rendimiento con el uso de una gran cantidad de insumos y maquinarias.

Para poder realizar este tipo de producción siempre hay que contar con asesoramiento profesional y regulación de las correspondientes instituciones. Porque si se hace un uso indiscriminado de agroquímicos, o inclusive se utiliza alguno que no es específico para el patógeno, ésto llevaría a afectar la inocuidad de los productos y el medioambiente.

La clave de un buen resultado en cultivos intensivos es realizándolos con Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) con su cuaderno de campo, aplicaciones a tiempo, y usando todos los recaudos posibles. Para eso ISCAMen tiene diferentes programas como Agro-limpio, Agroquímicos, la emisión de alertas para una aplicación a tiempo, etc. Todas estas herramientas están a disposición del productor para lograr una producción intensiva certera.
También se pueden obtener grandes producciones de frutales con un sistema agroecológico en la misma cantidad de plantas. Se podría trabajar de manera totalmente diferente, solamente hay que cambiar el paradigma que plantea que, a mayor cantidad de producto aplicado, mayor será la producción.

¿Cómo se logra esto? En primer lugar, se recupera la microbiología suelo con fertilizantes orgánicos o compostaje, donde también el mulching o la cobertura del suelo cobra un rol preponderante en proteger dicha microbiología. Lo otro que se debe tener en cuenta es la colocación de corredores biológicos para que los controladores tengan dónde comer. Dichos controladores -la mayoría parasitoides o predadores- necesitan de flores que les provea alimento, tanto polen como protección.

También es fundamental el rol de las plantas benéficas ya que, al agregarlas a nuestro monte de frutales, logramos que con las mismas podamos alejar plagas o ser utilizadas también como plantas trampas.
De esta manera, no habría que colocar fertilizantes sintéticos ni agroquímicos sino que sería un sistema equilibrado a costos muchos más bajos y una rentabilidad mayor; ya que son productos inocuos, una demanda que ya está haciendo el consumidor mundial.

A veces este productor debe resignar parte de la tierra para los corredores pero, aunque tenga menor producción, la rentabilidad será más alta ya que no habrá tenido que gastar en insumos a costos internacionales.
En Mendoza ocurre lo mismo con grandes extensiones en hortalizas intensivas, a veces se repite el mal manejo de las mismas, ya que muchos productores siguen con la idea de plantar siempre lo mismo porque ese año será redituable. Como por ejemplo, el ajo o el tomate, pero también tienen una gran demanda de insumos ya que las tierras están compactadas y nunca se hizo un cálculo previo de cómo hacer un equilibrio. Estos sistemas son muy comunes en los cinturones verdes.

Año tras año existen, por ejemplo, plantaciones de tomate que nunca se pensó en rotar con otro cultivo, por lo que aparecen siempre las mismas plagas y patógenos del suelo por culpa del monocultivo.
Entonces la pregunta sería ¿se puede hacer una producción hortícola extensiva para la demanda que existe de una manera agroecológica?
Y mi respuesta es sí, pero esto requiere de varios factores. Primero y principal, que el productor entienda que hay que realizar el cambio de paradigma en algún momento, aunque esta transición nos lleve 4 años.

En segundo lugar, deben existir políticas que acompañen a este cambio. En este sentido estamos bien encaminados. El productor en Mendoza tiene una institución cómo ISCAMen que le brinda un acompañamiento técnico en cada etapa productiva y también insumos biológicos como las crías para combatir plagas; tanto en técnicas de insectos estériles como en la de controladores biológicos; así como también capacitaciones sobre caldos orgánicos, trampas de insectos, monitoreo, etc.
Para lograr ésto hubo que hacer un cambio en la dirigencia, ya que los lineamientos desde la institución tienen que aportar todo lo necesario para realizar una agricultura saludable con el medio ambiente.
Y, por último, los que nos dedicamos a transferir esta tecnología, tenemos que lograr que los productores se comprometan a realizar poco a poco los cambios necesarios para lograrlo.
Cuando el productor asume el compromiso, lo ayudaríamos a diagramar desde cero dichos campos para que cumpla con todas las condiciones que le permitan realizar una producción agroecológica.
Esto sería iniciar ya con islas que tengan flores para el alimento de los controladores, la ubicación de los corredores biológicos, la colocación de trampas y el manejo de las plantas benéficas.

En el caso de las hortalizas, es necesaria la rotación y combinación del cultivo, ya que de esa manera no tendrían problemas con los patógenos y las plantas asociadas se ayudarían mutuamente con el aporte de nutrientes.
Quizás al principio todas estas técnicas tengan un valor más elevado en mano de obra, pero luego logrando el equilibrio el productor ya empezará a cambiar, no sólo pensando en una plantación ecológica, sino también buscando la labranza cero; es decir que el gasto se realizaría principio y después los costos irían bajando paulatinamente.

Hoy ya existen grandes extensiones de plantaciones agroecológicas trabajando con éxito y con certificación internacional. Tienen los beneficios de bajo costo y alta rentabilidad, así como también poder de exportación, ingresando a los mercados internacionales con facilidad.
Desde ISCAMen estamos orgullosos de acompañar ese proceso y de impulsar el cambio de varios nuevos productores convencionales, a estos sistemas agroecológicos. Ya sea por conciencia, por necesidad o por inteligencia.
Siempre pasando por un MIP., que dura entre tres y cuatro años usando agroquímicos pero bajando la cantidad de aplicaciones año tras año.
Desde una mirada muy personal, más soñadora que científica, creo que estamos bien encaminados. Nuestra institución recibe cada vez más llamadas solicitando apoyo sobre cómo realizar este cambio, o pidiendo ayuda para lograrlo.

Quizás el pensamiento personal sea algo ambicioso, pero después de tantos años de lucha y por falta de entendimiento, no sólo de productores sino de colegas, puedo ver con satisfacción los cambios que se están realizando en la sociedad agropecuaria. Veo un futuro favorable, creo que vamos por buen camino ya que muchas instituciones se están adhiriendo a esta mentalidad agroecológica tejiendo redes para la ayuda de productores. Esto me alienta a seguir por el mismo camino, que hace varios años atrás era impensado y más en un desierto como el de mi provincia.
En esta lucha no se puede estar solo, hay que tener apoyo porque si no es imposible lograrlo.
Este cambio de paradigma en la agricultura ya resulta imperioso. Todos los habitantes que consumimos estos productos nos merecemos que tengan una excelente sanidad vegetal y, además tenemos que empezar a pensar cuidar la tierra de una de vez por todas, ya que si la tratamos bien nos devolverá tres veces más de lo que necesitamos.

“La Agroecología es la forma de utilizar la inteligencia sobre las tres partes de la biosfera, el suelo, la planta y el medio ambiente”.